sábado, 23 de febrero de 2019

CAMINO DEL ÉXITO

Imagen bajo licencia CC0 de www.pixabay.com


No hay evolución sin evaluación. Solo si me paro a revisar qué he hecho, cómo lo he hecho y si ha funcionado puedo reconocer mis fortalezas y mis debilidades y, de este modo, modificar aquellos aspectos que no me permitan alcanzar la meta. Esa es la evolución, la capacidad de adaptarse, de modificarse en función de las necesidades teniendo en cuenta el mundo que nos rodea para conseguir el éxito. Y la clave es la evaluación.

En primer lugar, podríamos analizar las características de las personas exitosas. En este momento existen muchos gurús del coaching y de la psicología personal que en sus blogs ofrecen píldoras y consejos para alcanzar las propias metas, pero me he querido centrar en una lista que ha elaborado la revista Forbes, a pesar de tratarse de una revista especializada en un campo bastante alejado de la educación, pero muy relacionado con lo que entendemos por éxito. En el tercer puesto de la lista nos hablan del fallo como aprendizaje; según el artículo las personas exitosas asumen el riesgo de fallar porque la enseñanza que pueden extraer del error les hará mejores en el futuro. La octava característica nos habla de evolución; se adaptan para mantener su posición e intentan anticiparse a los cambios. También en esta lista se habla de capacidad de comunicación, de cooperación, de aprendizaje continuo, de resiliencia, de la importancia del proceso y del interés en la creación más que en el consumo. Estas son exactamente las características que nuestros alumnos necesitan para convertirse en personas exitosas que construyan una sociedad mejor.

En la escuela, tanto profesores como alumnos tenemos el mismo objetivo: el éxito de los alumnos. Pero ¿es posible que este éxito haya estado malinterpretado?. Durante mucho tiempo los colegios han trabajado con la mirada en el resultado, en la calificación, tomando esta como indicador de logro. Todavía hoy en día escuchamos a muchos padres preocupados sobre todo por la calificación de sus hijos y a muchos alumnos interesados sobre todo en aquello que "cuenta para nota". ¿Tan determinante es la calificación? Quizás los profesores, la sociedad, las familias hemos "enseñado" que lo más importante es la calificación final, sin pararnos a revisar el proceso, sin facilitar al alumno herramientas para transformar esa calificación en un marcador significativo, sin estar convencidos de que para llegar a la meta hace falta conocer por adelantado la ruta y asumir el error como motor de cambio. Pues bien, en este punto entra en juego la evaluación.

Si queremos lograr que nuestros alumnos sean personas exitosas estamos obligados a realizar una evaluación significativa. Los estudios neurológicos nos han descubierto que el cerebro es plástico, entrenable y que, por tanto, el fracaso no se debe concebir como una limitación sino como una oportunidad de aprender. Tenemos la responsabilidad de modificar en nuestros destinatarios esta idea del cerebro como algo fijo, inmutable, y la evaluación nos puede ayudar a conseguirlo. Por un lado, podríamos empezar por valorar hechos puntuales, actos, producciones de los alumnos de forma objetiva, siguiendo unos criterios claros y preestablecidos, y evitar que se sientan juzgados. Por otro lado, para que el error sirva como aprendizaje necesitamos que sepan cómo corregirlo, es más, podemos hacer que dispongan de herramientas por adelantado para tener la oportunidad de no cometerlo; este es el objetivo de una rúbrica de evaluación. Por último, me parece muy interesante la idea que expone Siro López en el vídeo en el que comenta su experiencia con el Circo del Sol: respeto hacia el trabajo de nuestros chicos, poner en valor lo que hacen, aunque haya aspectos que mejorar.

En la línea de la idea anterior conecto con mi experiencia docente. Después de evaluar durante un tiempo las producciones de mis alumnos con rúbricas y listas de cotejo y de trabajar el respeto a la hora de realizar coevaluaciones (con técnicas como "dos estrellas y un deseo", por ejemplo) he descubierto que sus reacciones a las correcciones van cambiando. No solo son capaces de percibir el error y de comentarlo de forma adecuada, sino que asumen sus resultados con mayor responsabilidad y madurez. Si seguimos trabajando en este sentido tendremos jóvenes muy válidos, flexibles y capaces. El reto es cómo mejorar lo que ya estamos haciendo (revisar, evaluar y transformar de forma cíclica).

Para alcanzar el éxito necesitamos evolucionar, transformarnos, revisarnos y valorarnos. Para revisarnos y valorarnos necesitamos unos criterios razonables y mucho respeto. Para transformarnos necesitamos darle importancia al proceso, "fracasar de nuevo, fracasar mejor" (Samuel Beckett). Si nos aseguramos de que nuestros niños aprendan esto, todos los adultos del futuro serán gente de éxito.


Imagen bajo licencia CC0 de www.pixabay.com
Fuentes: 

https://www.lavanguardia.com/vida/20131218/54398357914/claves-exito-forbes.html

https://www.lavanguardia.com/vida/20160314/40422783498/elsa-punset-entrevista-pequenas-revoluciones.html

https://drive.google.com/file/d/1rSxiTambdM7u4XXxJ3zqqw4YjRh6CsJo/view

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